jueves, 8 de julio de 2021

Edificación Románica de la Catedral de Santa María la Mayor

Burgos fue convertida en sede episcopal en 1075 por el rey Alfonso VI y la autoridad del papa Gregorio VII, quien dio así una continuidad canónica a la tradición episcopal de la vieja diócesis de Oca, cuyo prelado figura ya en el año 589 como signatario del III Concilio de Toledo, en época visigótica.

El monarca promovió la construcción de una catedral dedicada a la Virgen María de la que no se conocen sus trazas, pero que se supone románica y del tipo de las obras coetáneas (la desaparecida iglesia de Silos, la del monasterio de San Pedro de Arlanza, la de San Martín de Frómista o la catedral de Jaca). Existe constancia documental de que el monarca donó para la magna obra el recinto que ocupaban un palacio real que había pertenecido a su padre Fernando I y una pequeña iglesia dedicada a Santa María y que se hallaba en construcción.

En 1096 las obras de este templo ya estaban terminadas, pero pronto resultó pequeño para las necesidades de una ciudad que era la capital simbólica del reino, una potente sede episcopal (el cabildo catedralicio tenía más de treinta miembros ya antes del año 1200) y un centro comercial cada vez más dinámico. La decisión de levantar una nueva catedral se tomó por fin ya iniciado el siglo xiii. Como era común en la época, se destruyó el edificio románico (del que solo queda algún resto escultórico) y sobre su solar, ampliado con la demolición de unas viviendas contiguas donadas por el obispo Marino, se levantó la nueva catedral gótica.