viernes, 5 de febrero de 2021

Catedral de la Encarnación

La Catedral de la Encarnación, en la ciudad española de Almería, es la sede episcopal de la diócesis de Almería. El edificio, con estructura de fortaleza, presenta una arquitectura de transición entre el Gótico tardío y el Renacimiento, así como rasgos posteriores barrocos y neoclásicos. Constituye una de las manifestaciones artísticas de carácter arquitectónico y cultural más importantes y valiosas de Andalucía y, por ende, de España, al ser la única Catedral con naturaleza de fortaleza erigida en el siglo XVI.

Actualmente, está considerada como Bien de Interés Cultural(fue declarada Monumento histórico-artístico perteneciente al Tesoro Artístico Nacional mediante decreto de 3 de junio de 1931​).

Es la empresa artística más importante de la Edad Moderna en Almería, cuya construcción abarca los siglos XVI, XVII y XVIII, contrastando con la penuria y crisis económica general de la provincia durante esos siglos. El templo presenta planta de salón formada por tres naves de altura poco elevada, cubierta plana, escasez y poca amplitud de los vanos, elementos defensivos típicos de una fortaleza (adarves, troneras, aspilleras, atalayas...) y una subordinación general de los aspectos estéticos a los defensivos. Tres capillas, situadas en la cabecera y girola, conforman una planta de forma rectangular. En el transepto, sobre el crucero, se sitúa la linterna renacentista, obra de Juan de Orea, autor también de la sacristía y del patio de armas, convertido en claustro en el siglo XVIII. El templo cuenta con una torre del homenaje del siglo XVII en el noroeste.

La puerta principal, de carácter parlante (que trata de transmitir un mensaje de poder y religiosidad) fue realizada por Juan de Orea en 1567, basándose en su anterior actuación en el programa iconográfico del Palacio de Carlos V en la Alhambra. La portada simboliza en el templo cristiano la puerta al cielo, la transición del espacio profano al sagrado, un elemento arquitectónico singularizado y convertido en centro de atracción visual. Su diseño marca la nueva imagen renacentista para el templo, rompiendo con la traza gótica y su carácter militar. Se diseña en dos niveles. El primero abarca el marco arquitectónico propiamente dicho de columnas pareadas sobre plintos y hornacinas que tiene como modelo el arco de triunfo romano. Pero el segundo nivel es de carácter ideológico, con una serie de imágenes triunfales que proclaman las ideas imperiales de Carlos V hacia una población mayoritariamente morisca, una propaganda del emperador victorioso mediante abundantes referencias al mito de Hércules, héroe antiguo por antonomasia. Así en el zócalo de base encontramos alusiones a Hércules y a la virtud del príncipe, tema clásico de la iconografía italiana: parejas de efebos con jarrones (receptáculos de virtud) o figuras aladas con perro, símbolo del obispo Villalán. Este primer cuerpo de la fachada está dominado por el escudo principal del obispo Villalán, colocado en el centro de un frontón partido. El escudo es mostrado orgullosamente por dos ángeles que lo levantan con una mano mientras que con la otra sostienen racimos de granadas, simbolizando la fecundidad, la abundancia y la riqueza. Las parejas de columnas sobre plintos que flanquean la entrada son inoperantes y decorativas, pero simbolizan el poder y la magnificencia, y encima, de nuevo grandes jarrones conteniendo las esencias de la virtud. Si el primer cuerpo de la portada es de temática profano-mitológica, el segundo es claramente religioso, con un gran marco rectangular al que le falta el relieve con el tema de la Encarnación, advocación a quién se dedica el templo, flanqueado a ambos lados por dos tondos con las figuras de San Pedro (derecha) y San Pablo (izquierda), padres y guardianes de la iglesia inscritos en coronas de laurel, símbolo directo del triunfo de la nueva fe cristiana. Sobre el frontón partido que remata este segundo cuerpo y sirviendo de transición al tercero, campea el gran escudo imperial de Carlos V. Del escudo pende el carnero del collar de la orden del Toisón de Oro, mientras que lateralmente está flanqueado por sendas columnas de Hércules, también coronadas, con la leyenda "non plus ultra" en clara alegoría al imperio universal de Carlos V. El cierre de la composición de la portada son los gigantescos jarrones, sobre los contrafuertes que delimitan la fachada.

Puerta de los Perdones, está situada a poniente y fue diseñada por Juan de Orea en 1569 con un esquema muy similar a la portada principal, aunque de menor tamaño y riqueza decorativa. El basamento del contrafuerte de la izquierda presenta una cartela con la inscripción "ALANUS QUARTUS - 1569". ALANUS es el patronímico del obispo mientras que QUARTUS recoge el número de orden de fray Diego Fernández de Villalán entre los obispos nombrados tras la Reconquista. En cambio en el basamento del contrafuerte derecho se lee "REGNANTE PHILIPO", que hace referencia al rey Felipe II en el momento de la construcción. Esta portada presenta dos cuerpos, como una simplificación de la principal. El inferior muestra parejas de columnas sobre plintos soportando un entablamento completo con el friso decorado con triglifos y metopas. Este cuerpo alberga la puerta, rematada con un frontón circular sujeto por ménsulas y ocupado por una cabeza de ángel. Arriba se instala el escudo del obispo Fernández de Villalán. El segundo cuerpo presenta una estructura similar pero con columnas jónicas y el vano es una hornacina avenerada, rematando el frontón un águila con el escudo de Felipe II. Los contrafuertes laterales están rematados por cabezas de león.