domingo, 31 de enero de 2021

Refugios subterráneos de Almería

Los refugios subterráneos de Almería son una estructura ubicada en la ciudad de Almería, España, a raíz de los 52 bombardeos por aire y mar que sufrió la población, en los que cayeron un total de 754 bombas durante la Guerra Civil Española.​ Esto provocó que se decidiera construir un sistema de refugios subterráneos, con más de 4 kilómetros de longitud en total, un quirófano y capacidad para albergar a unos 40 000 habitantes de la ciudad por la época.

Estos fueron diseñados por el arquitecto local Guillermo Langle Rubio, con la ayuda del ingeniero de minas Carlos Fernández Celaya y el ingeniero de caminos José Fornieles;​ y se convertirían en unos de los más importantes y mejor conservados a nivel europeo.​ Estos refugios han soportado el principal ataque que ha sufrido la ciudad en toda su historia, el Bombardeo de Almería. Desde 2013 forman parte de la red de Lugares de Memoria Histórica de la Junta de Andalucía.

A pesar de que la longitud total de todos ellos supere los cuatro kilómetros y medio, no todos están interconectados, y hoy, solo el más largo está abierto al público, situado bajo el Paseo de Almería. Están construidos a una profundidad media de 9 metros bajo la superficie,​ con las secciones más bajas incluso bajo el nivel del mar, por lo que hay algunas paredes en las que se ven las filtraciones con salitre. Existen galerías para refugiarse propiamente, de dos metros de anchura; y galerías de conexión, que eran más estrechas. Las escaleras tienen alrededor de 1,3 metros de ancho y todas tienen forma de L. Todas las galerías y salas tienen bóveda de cañón,​ estando todas las paredes cubiertas por una capa de hormigón ciclópeo de 60 centímetros.​ Los bancos laterales corridos que han perdurado hasta hoy se añadieron en 1939, ya que se presentaba la situación de que muchos ciudadanos llevaban sus propias sillas para pasar el tiempo más cómodamente, obstaculizando el paso de gente y ocupando mucho espacio. La longitud total fue calculada en base a una ocupación de 4 personas por metro cuadrado, que finalmente tuvo que aumentarse a 6 por lo apremiante de la situación.

La ventilación del lugar, forzada pero natural, fue confiada a una serie de tubos de uralita de 100 milímetros de diámetro, cercanos a las bocas de entrada, y que salían hasta la superficie. Estos no se colocaban directamente encima de la galería principal, sino en pasillos secundarios que no se utilizaban para las personas para evitar que restos de explosiones o granadas de mano cayeran directamente sobre la población refugiada.

La iluminación corría a cargo de unos hilos de cobre paralelos montados sobre la clave de la bóveda en soportes aislantes de madera o cerámica. Se hacía uso de bombillas de 15 o 25 vatios de potencia para limitar la visibilidad desde el exterior. Los principales refugios contaban con generadores autónomos para su uso en caso de emergencia.

En total, existen 67 entradas al refugio principal, siendo el total mayor al centenar según los mapas (algunas fuentes las cifran en, exactamente, 101),​ aunque muchas de estas entradas fueron selladas al dejar de ser útiles.2​ Algunas iglesias, como las de San Pedro o San Sebastián, también contaban con accesos particulares. Se intentaba que no hubiera más de 100 metros hasta una entrada desde cualquier punto de la ciudad.

La capacidad de estos refugios fue calculada al inicio de los bombardeos. En la ciudad de Almería, antes de la construcción de estos refugios, la población se escondía de los ataques aéreos en los depósitos de mineral de hierro de la Compañía Andaluza de Minas, la Cueva de las Mellizas, con capacidad para 3.000 personas; las cuevas-viviendas de los barrios pobres, en las que se escondían hasta 6.000 personas; y los sótanos de algunas edificaciones particulares, que también se sometieron a una adecuación para este uso.​ A dichas cuevas y minas se les estimaba una capacidad de 12.000 personas, por lo que estos refugios debían ser capaces de dar cobijo al resto de los ciudadanos. Poco antes de comenzar la Guerra Civil Española se estimaban en 52.000 las personas que vivían en Almería, por lo que Guillermo Langle planeó estos pasadizos para unas 40.000 personas.​